El salón de conferencias del último piso del Palacio de Exposiciones se había transformado en una vitrina de minimalismo vanguardista.
Paredes de hormigón visto, paneles de vidrio flotado y una iluminación dicroica dirigida creaban una atmósfera aséptica, casi quirúrgica.
Sobre la mesa perimetral, la Fédération Internationale de la Haute Joaillerie de París había dispuesto los dossieres de las tres marcas que habían sobrevivido al implacable filtro de las semifinales.
El aire estaba saturado de