58. LA DETERMINACIÓN DE LORENZO
LORENZO
Aunque el sudor me corría por la frente cuando crucé las puertas de la mansión de mi padre, tenía dos objetivos muy claros en mente.
El primero, hablar con la señorita Odeth y, si la fortuna me sonreía, extenderle mi mano y recibir la suya. Un gesto simple en apariencia, pero decisivo para mí. El segundo, enfrentar al duque, mi padre.
Toda la noche anterior me lo repetí: pedir a la señorita Odeth que me acepte como compañero de vida no podía ser un error. No lo era. Lo que siento junto