50. TODO SE VE EN SUS OJOS
LORD MARCUS
Por un momento debo admitir que me preocupé.
Mi hermano, aunque mayor, nunca fue alguien físicamente memorable ni socialmente intimidante. Yo siempre llevé la delantera: más fuerte, más hábil en las conversaciones, más preparado para el peso de nuestra posición. Mamá siempre dijo que el ducado sería mío sin problema, y durante años no existió nada que indicara lo contrario… hasta ahora.
Lorenzo es inteligente —lo reconozco a regañadientes—, y por eso sus negocios prosperan. Ha logrado construir su propia fortuna, aunque alguna vez pensé que acabaría perdiéndolo todo por sus desviaciones. Todos dicen que prefiere los amantes masculinos, y nunca se le ha conocido un interés amoroso por una mujer. Era evidente, para mí al menos, que tarde o temprano su vida se vendría abajo.
O eso creí… hasta esta noche.
Catalina y mi hijo —mi carta de triunfo— son la garantía de mi futuro. Aunque llevo años apoyando a mi padre en los negocios, él siempre ha tomado todas las decisiones, dejan