46. EL PESO SOCIAL DE LA SANGRE
CIELO
Miré con rapidez en todas las direcciones, pero el rastro de mi Musa estaba difuso, como si hubiera recorrido ya todo el lugar. Mi Jaime me puede estar observando en este momento, oculto tras alguna máscara y no tengo forma de identificarlo. Aunque quisiera correr a su encuentro, estoy atrapada como una mosca en la telaraña que yo misma ayudé a tejer. Aspiro hondo y agito el abanico con fuerza, como si pudiera espantar mi propio temblor. Le queda poco tiempo de vida a Elizabeth, lo siento