18. UNA MANSIÓN TAN GRANDE Y SIN NIÑOS
— ¿Torturar? —replica con voz temerosa—. No quiero hacerle daño a nadie, no de verdad.
Río suavemente, con ese deje entre la burla y la ternura que me provoca su actitud. No sabía si llamarla inocente o sencillamente ingenua.
—Cambiemos el término, entonces —propongo—. Llamémoslo atormentar. Ejecutaremos ataques psicológicos contra esa mujer —aclaro, como quien enseña con paciencia.
—¿Ataques psicológicos?
En serio, si estuviera en control del cuerpo pondría los ojos en blanco. ¿Piensa repetir t