19. AGUA FRÍA PARA LADY CATALINA
—Parece otra. Hasta la manera en que se arregla ha cambiado. Si no fuera imposible, juraría que no es Lady Elizabeth —comentó una de las criadas, con la voz cargada de veneno y resentimiento.
—¿Están insinuando que exige ser tratada como una verdadera duquesa? —pregunté, incrédula.
—Así es, mi señora. Por eso acudimos a usted. Para nosotras, la única dueña de esta mansión es usted, no esa... muchacha.
No respondí. Me limité a pasar junto a ellas, bajando las escaleras con paso firme. Necesitaba