96: La orilla que respira

Amaneció sin colores, con la claridad justa para ver el borde de la Gran Grieta. El campamento se movió en silencio: Kal revisó perímetro, los alados tomaron posiciones bajas, y Taren con Darel prepararon sal, cuarzo y obsidiana. Los humanos aseguraron cargas y camillas. Nadie pidió instrucciones: ya estaban dadas.

Adelia se apartó unos pasos, hacia un saliente que permitía ver la grieta en su amplitud. Si se inclinaba apenas, el abismo se abría en capas: terrazas oscuras descendiendo en espira
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