Las murallas cristalinas del Consejo de los Cuatro Vientos vibraban con un rumor extraño aquella mañana. El aire mismo parecía contener un presagio. Ysera, que se hallaba entrenando con los centinelas en las plataformas flotantes, lo sintió en la piel: un cambio en las corrientes mágicas, como si el cielo hubiera inhalado profundamente.
De pronto, la calma se quebró.
Un destello púrpura surcó la sala central del Consejo. Entre círculos de runas giratorias, se materializó un pergamino envuelto e