La estrella que había cruzado el cielo no era una bendición si no una advertencia.
Un rugido desgarró el aire antes del amanecer. No provenía de la tierra, ni del cielo… sino del mismísimo tejido de la realidad que comenzaba a agrietarse. Desde lo alto de las torres, los vigías dieron la alarma con urgencia. Drak y Elzareth salieron juntos a los balcones principales del castillo.
Y entonces lo vieron.
Una figura descendía envuelta en llamas azules. Alas de energía pura se abrían a cada lado, no