Elzareth despertó con una punzada aguda en la sien y el murmullo lejano del viento entre los árboles. El mundo entero parecía moverse despacio, como si la realidad tardara en reconfigurarse a su alrededor. Tardó un momento en reconocer la textura cálida que la envolvía: no era su manta cotidiana ni la frazada de su cama que tantas veces la habían abrigado. Era… un cuerpo. Firme, cálido y envolvente. Seguro.
Abrió los ojos.
Y lo vio.
Drak estaba a su lado, sentado contra un árbol, con ella reco