Fue un sonido lo que despertó a Drak. Un chapuzón suave. Abrió los ojos lentamente y se incorporó, guiado por una intuición intensa. Se acercó sigilosamente al borde del lago. Entonces la vio.
Allí estaba ella.
Sentada en una roca junto a la orilla, desnuda, con los pies sumergidos en el agua. Su cabello era largo, negro y brillante como la noche sin luna, cayendo en una cascada lujosa por su espalda. Su piel era de un tono caramelo cálido, tersa y luminosa, y sus ojos —cuando los vio después—