Drak sintió que ocultaban algo. Lo percibía en las miradas huidizas, en las respuestas forzadamente neutras, en los susurros que cesaban apenas se acercaba. Sabía que los humanos le temían, que su presencia era un estigma. Era fácil reconocerlo como un vampiro: su altura sobresalía entre todos, su piel era pálida como la luna invernal, y su cuerpo parecía esculpido en mármol, con una fuerza silenciosa que imponía respeto. Su cabello negro caía lacio hasta los hombros, enmarcando un rostro joven