El sol apenas comenzaba a despuntar sobre el horizonte, tiñendo el cielo con una paleta de tonos ámbar y rosados. El rocío de la mañana perlaba las hojas, y el canto tímido de los primeros pájaros flotaba en el aire húmedo. Aunque el campamento aún dormitaba bajo las suaves luces del amanecer, Drak no podía dormir. Su mente no dejaba de repasar lo ocurrido hace poco junto al lago.
La visión de la mujer bañada en luz dorada, su piel de caramelo brillando como bronce pulido, y esos ojos de ámbar