Los rayos dorados del amanecer se filtraban entre los riscos cuando Adelia, Ethan, Kal y los guerreros emergieron del lugar que les había servido de refugio tras la fuga de Esvedra.
Aún se sentía en el aire la tensión de la batalla reciente, pero también se percibía algo nuevo: una resolución renovada, una fuerza que nacía no solo de la victoria, sino del corazón compartido de quienes se habían enfrentado al poder de las ninfas.
Adelia sostenía la piedra de Auren entre sus manos, ahora respland