Una tarde, Merek se aproximó a Kael mientras este entrenaba con dos jóvenes.
—El oráculo quiere hablar contigo.
Kael frunció el ceño. Hacía años que el oráculo de Luna no intervenía directamente. Lo encontró en su cabaña, rodeado de humo y runas talladas en hueso.
—Alfa —dijo el anciano sin levantar la vista—. Selene te ha observado. Tu camino está lleno de sombras, pero también de luz. La loba que perdiste no está más donde crees, ni es quien fue. Pero tu destino aún la rodea.
Kael sintió un e