El amanecer llegó cubierto de ceniza. No era fuego lo que se había llevado parte del bosque, sino un residuo mágico que dejaba los árboles huecos y la tierra sin pulso. El Vacío no destruía con violencia. Lo hacía con olvido.
Adelia lo sintió al despertar. Era como si una parte de ella no recordara haber dormido, como si la noche anterior se hubiera borrado a medias, dejándola a medio existir. Las palabras de Marian le taladraban la cabeza: “Él ya entró.”
Avenar no necesitaba portales si ya hab