CAPÍTULO 6

POR AURORA

Bailo con Mike y siento como pasa sus manos por mi cuerpo.

No sé que pretendia este hombre hoy al dejarme semejante estupidez con esos registros, pero le dejé una sorpresa en su escritorio.

Sonrió al recordar lo que hice.

— Te dije que nos seguiría hasta aquí muñequita – mi sonrisa se borra o escuchar a Mike.

— Lo dijiste Mike, pero ahora la pregunta es, ¿qué hace aquí el bulldog?

— Pues ir a misa no creo.

— Hablo enserio Mike.

— Pues ya te lo dije, pero tú no quieres aceptar que ese dios griego esta loquito por ti, como tú lo estás por él.

— Ya te dije que no estoy loca por él Mike – hablo con enojo

—Pues eso ni tú misma te lo crees muñequita, a ver dime ¿cuándo fue la última vez que tuviste sexo? – pregunta

— ¿Y a ti qué te importa cuando fue la última ves que tuve sexo?

— Respondeme — ruedo los ojos por lo mandon que es, pero si no le digo va a seguir jodiendo toda la noche con lo mismo.

— 2 años — digo en voz baja.

— ¿Qué?, no te escuché.

— Carajo Mike, que hace 2 años fue la última ves que tuve sexo — grito en su oído, agradezco el ruido del lugar porque si no todo el mundo hubiera escuchado eso — me mira sin poder creer lo que digo.

— Dios, hay que llamar al papa Francisco, porque tenemos una monja aquí.

— Tu querías saber, así que ahí tienes tu respuesta – digo encogiendome de hombres

— Por Dios mujer ya debes tener telarañas ahí abajo – lo veo mal por su comentario.

— Nos urge encontrarte un macho esta noche muñequita, seguramente volviste hacer virgen.

— Ya basta Mike y no necesito ningún macho.

— Pues deberías mujer, porque unos buenos brinquitos nunca están demás, yo puedo ayudarte a que ese hombre se muera de celos, pero una cosa muy distinta es que tu y yo volvamos a tener algo.

Recuerdo la primera vez que decidí estar con un hombre, después de lo que me había pasado.

Bueno esa primera vez fue con Mike, pero todo fue un rotundo fracaso.

Mike quería demostrarme que el sexo no era tan malo después de lo que me pasó y que no todos los hombres eran iguales, pero sé que también lo hacía por él.

En ese tiempo Mike tenía muchas dudas sobre su sexualidad y después de eso descubrió que no le gustan las mujeres, osea cero.

Así que mi hermoso y adorado amigo es homosexual o como se conoce hoy en día, es Gay.

He conocido a muchas chicas que han intentado algo con él, pero todas se decepcionan al no lograr nada.

Y es que mi mejor amigo es como un dios griego, alto, fornido y con una sonrisa moja bragas que tiene que cualquier mujer que lo ve suspira por él.

Siento como Mike me susurra al oído al quedarme perdida en mis pensamientos.

— ¿Estas bien muñequita?

— Si, solo recordaba nuestra primera vez — le digo observándolo a los ojos y puedo ver una mueca en su rostro.

— Pero que horror, he tenido pesadillas desde entonces — le doy un golpe en el brazo por lo que dice.

— ¡Oye!, no seas violenta mujer.

— Entonces deja de decirme esas cosas Mike.

— Esta bien, pero ya enserio muñequita, necesitas que te den una buena sangoloteada por todos lados y eso solo te la puede dar ese bombón que me fusila con la mirada cada vez que te toco.

— Ya te dije que no me gusta mi jefe para eso Mike.

— Y entonces, ¿porqué empezaste a trabajar para el muñequita?, si tu no tienes la necesidad de estar trabajando y menos de secretaria.

Pienso en lo que dice Mike y es cierto, no tengo la necesidad de estar trabajando, si mi príncipe deposita a cada mes una gran suma de dinero a mi cuenta, dinero que no necesito.

— No lo sé Mike, solo sentí la necesidad de ayudarlo y por eso trabajo para él.

— Te puedes engañar a ti misma muñequita, pero a mi no, te conozco mejor de lo que tú misma te conoces.

— A ver señor genio, si tanto me conoces, entonces dime, ¿porqué lo hago? — me observa a los ojos y me responde.

— Por que lo amas muñequita – me detengo abruptamente cuando escucho lo que dice.

— Estas loco Mike, sabes que eso no es cierto, yo no lo amo, no puedo amarlo.

— No todos son iguales a Tristan muñequita – escuchar ese nombre hace que una lagrima resbale por mi mejilla.

— Sé que no todos son como ese monstruo Mike, lo sé perfectamente, pero ya no se amar, ya no sé lo que se siente – observo como Mike me mira con pena y me abraza fuerteme.

Un sollozo escapa de mi garganta.

— Quiero que seas feliz muñequita y siento que ese hombre puede curar las heridas que hay en tu corazón.

— Y si así fuera Mike, ¿qué podría ofrecerle yo a ese hombre?, si estoy sucia y marchita por dentro.

— Amor muñequita, ese puedes ofrecerle, el amor.

— El amor no es suficiente Mike, cuando él sepa lo que me pasó me va a despreciar – va a responderme pero no lo dejo continuar — quiero irme, quiero ir a casa – asiente y va por nuestras cosas.

Puedo sentir la mirada de alguien sobre mí, pero no hago nada, me quedo con la mirada hacia abajo.

No tengo las fuerzas para mirarlo.

Siento como Mike coloca su saco sobre mis hombros y me susurra.

— Vamos muñequita – asiento y Mike entrelaza su mano con la mía.

Caminamos hacia la salida y voy perdida en mis pensamientos.

Llegamos al auto y siento como Mike me ayuda a subir, me coloca el cinturón de seguridad y cierra la puerta.

Recuesto mi cabeza sobre la ventana y observo todo mientras Mike empieza a conducir.

Agradezco el silencio y el espacio que me da en este momento.

¿Qué podría decirle?

Nada, más que romper en llanto.

Cierro mis ojos y a mi mente vienen muchos recuerdos tormentosos de mi pasado, recuerdos que trato de olvidar, pero por más que lo intento, no puedo.

RECUERDO:

Grito con todas mis fuerzas, esperando que alguien pueda venir a ayudarme, suplico que no me hagan daño, pero por más que grito, nadie me escucha, lo único que he logrado es que mi garganta arda de tanto gritar.

Escucho de nuevo como vienen, a hacerme daño, ya no quiero vivir, le pido a Dios que deseo morir, que no permita que siga sufriendo de esta manera, lo único que deseo es estar con mis padres.

Me siento tan asqueada al sentir como sus asquerosas manos tocan mi piel, ya no quiero sentir esta maldita agonía en la que me tienen sometida, me siento tan sucia, tan ultrajada, tan humillada, he dejado de ser una Aurora feliz y segura de si misma, para volverme en una asquerosa pesadilla de lo que ya no soy.

Jamás pensé que hubiesen personas tan crueles capaces de hacer tal atrocidad, me han hecho cosas tan asquerosas que deseo olvidar, quiero poder lograr salir de este pozo oscuro, pero se que si salgo de esto, jamás podré olvidar lo que me han hecho.

No sé cuanto tiempo llevo encerrada, seguramente ya han pasados varios días desde que estoy encerrada en este lugar, he perdido la noción del tiempo por todas las veces que me han drogado, no tengo ni idea de que es real o que es fantasia, solo sé que cada vez que pueden torturan mi cuerpo, siento como si mis fuerzas me abandonaran.

Pobre de mi príncipe, debe de estar tan preocupado por mí, espero que me encuentre pronto, porque no creo resistir más este infierno.

Mi cuerpo se encuentra tan golpeado y herido que un simple movimiento me hace gritar del dolor, veo como sangran mis muñecas y mis pies debido a la presión de las esposas que me impiden moverme.

Seguramente ya no han de tardar en venir a jugar conmigo, como ellos me dicen, tengo tanto miedo cuando ellos vienen.

Escucho como la puerta vieja y oxidada hace ruido cuando se abre de golpe, anunciando que mi tortura estará por comenzar nuevamente.

Dirijo mi mirada hacia ahí y veo a Tristan entrar por la puerta, viene fumando un cigarrillo y puedo observar lo que trae en su mano, me lleno de horror al ver lo que es.

Observo como me sonríe con malicia, da una calada a su cigarrillo y se acerca a mi con paso lento, como un león acechando a su presa.

— ¡Déjame ir Tristan!,.-comienzo a llorar ¡por favor te lo suplico!, no le diré a nadie, por favor te lo suplico, ¡TEN PIEDAD!.

—¿Piedad? — pregunta como si fuera la pregunta más estúpida del mundo — las putas como tú no merecen piedad.

Puedo sentir el frio del objeto cuando lo acerca a mi piel, tiemblo, al saber que es lo que pasará.

— ¡No lo hagas Tristan, por favor!. — le suplico con lágrimas en los ojos.

Puedo ver su sonrisa perversa en el rostro, de un momento a otro empiezo a gritar del dolor al sentir las descargas eléctricas que le da a mi cuerpo.

Mi cuerpo se mueve violentamente cada ves que le da una descarga, grito y suplico que pare, pero jamás se detiene, es como si ver mi sufrimiento lo llenara de satisfacción.

Cuando siento que voy a desmayarme por el dolor, se detiene, se me acerca y me ve con asco por el accidente que tuve.

¡ME ORINE!

—Eres una perra asquerosa — dice dándome una cachetada que hace que gire mi rostro, puedo sentir el sabor metálico de la sangre en mi boca.

Y sin más sale de la sucia habitación en la que me encuentro, me pongo en posición fetal, lo más que me permiten las esposas moverme y lloro, lloro amargamente por lo que me está pasando.

Ya no aguanto Dios, por favor, ayúdame, si no me dejarás morir, ayuda a que mi príncipe me encuentre, por favor te lo suplico.

FIN DEL RECUERDO

—Al parecer alguien está muy interesado en ti muñequita – la voz de Mike me trae de regreso a la realidad.

— ¿Qué? — pregunto.

— Que tu dios griego nos viene siguiendo otra vez.

¿Por qué lo hace?, me pregunto.

— Pues no me importa, tarde o temprano se va a cansar de su estúpido juego de espía – Mike no responde y solo acelera el auto.

Pasan unos minutos y llegamos a mi casa, fue más rápido el trayecto porque a esta hora ya casi no hay tráfico.

Voy a bajar del auto cuando Mike me detiene.

— Te cargo muñequita.

— Esta bien.

Veo a Mike salir del auto y caminar hacia mi puerta, la abre y se pone a mi altura.

— ¿Estás bien muñequita? — veo en su rostro la preocupación que le da al verme así cuando me siento tan indefensa.

— Lo estoy, sabes que siempre lo estoy – me sonríe y deja un beso sobre mi sien.

Siento como pasa una mano por bajo de mis piernas y la otra por mi espalda y me carga como si fuera una princesa.

Recuesto mi cabeza en su pecho y agradezco tener a Mike en mi vida, es mi mejor amigo, lo amo como si fuera mi propio hermano.

Solo que Mike y yo tenemos esa complicidad que se tienen los mejores amigos.

Camina hacia la puerta y abre como puede, entramos y escucho como se cierra la puerta.

— ¡Dios mio!, ¿pero qué comes mujer? — suelto una risita al escuchar a Mike quejarse.

— Lo mismo, solo que tú ya estas viejo y crujiente de la espalda – lo observo y veo una sonrisa adornar su rostro.

— ¿Duermes conmigo? — pregunto cuando llegamos a mi habitación — no quiero estar sola.

— No voy a irme muñequita, me voy a quedar velando tu sueño.

— Te amo Mike, eres mi mejor amigo.

— Yo también te amo muñequita, eres el amor de mi vida, eres la única mujer que podré amar – Sonrio por lo que dice.

Me baja de sus brazos y me deposita con cuidado sobre el piso.

Camino hacia mi closet y busco una camisa grande para dormir y camino hacia el baño.

Me despojo de mi vestido y de mi ropa interior.

Me pongo la camisa, que me llega un poco arriba de las rodillas y me recojo el cabello en un moño desordenado.

Salgo del baño y encuentro a Mike de espalda solo en boxer.

Lanzo un silbido al verlo, se da la vuelta y me sonríe de lado.

— ¿Lista? — pregunta.

Asiento y camino hacia la cama, levanto la sabana y me acomodo.

Escucho los pasos de Mike acercarse y veo que se mete en la cama.

Nos tapamos con la misma sabana y nos quedamos viendo directamente el techo de mi habitación.

Me acomodo de lado viendo directamente a Mike, el hace lo mismo y nos observamos a los ojos.

Siento que me quiere decir algo, por que puedo notar la inquietud en su rostro.

— Escupelo.

— ¿Qué? — me pregunta.

— Sé que me quieres decir algo Mike, así que escupelo.

Observo que se acomoda viendo nuevamente el techo y suelta un gran suspiro.

— Me enamoré.

De todo lo que pensaba que iba a decirme jamás me imagine que diría eso.

Voy a empezar a bombardearlo con preguntas pero me detiene cuando ve mi intención.

— No quiero que digas nada muñequita, es.... dificil.

— ¿Por qué es difícil? — pregunto.

Sé que no quiere que pregunte nada pero, vamos, es mi mejor amigo y es la primera vez que me dice que se enamora y yo en verdad deseo que el encuentre a alguien que lo ame y lo valore pero sobre todo que lo acepte así tal y como es.

Observo como me hace señas para que me acueste sobre su pecho.

Lo hago y presto atención a lo que vaya a decirme.

— Es difícil muñequita, porque es un hombre super heterosexual, su debilidad son las mujeres.

— ¿Entonces no te corresponde? — pregunto sintiendo como se me forma un nudo en la garganta.

— No lo sé muñequita, me tiene muy confundido su comportamiento.

— ¿Porqué?

— Porqué ya nos hemos besado muñequita, para mí fue increíble lo que sentí pero cuando el beso acabó, se acabó la magia también, pude ver su cara de asco cuando el beso terminó, lo que me dijo me lastimó mucho, desde ese entonces he hecho lo posible por no encontrarmelo, por no verlo, pero él hace todo lo contrario, me busca y hasta ha llegado al extremo de celarme cuando ve algún hombre o una mujer cerca de mi, así que todo esto me confunde muñequita.

— ¿Quieres saber lo que pienso?— le pregunto.

— Claro muñequita te escucho.

— Pues siento que él también siente lo mismo por ti, sólo que tal ves tiene miedo.

— ¿Miedo a que?

— A que lo juzguen.

— Pues ya no me importa lo que el sienta muñequita, el me dejó muy claro que lo único que lo produzco es asco, así que ya no me interesa saber nada de él.

—No se que decirte Mike, quisiera darte un consejo, ¿pero qué puede decirte?, alguien como yo.

— No digas nada muñequita, solo quiero que me abraces.

Lo abrazo fuertemente esperando que sienta mi apoyo y le digo algo que se me viene a la mente.

— Pues el se lo pierde.

Escucho como Mike deja escapar una carcajada.

— Pues si muñequita, él se lo pierde y otro se lo goza.

Ahora soy yo la que deja escapar una carcajada.

Pasan los segundos y dejamos de reír, lo observo a los ojos y le digo.

— Te amo Mike.

— Yo también te amo muñequita.

Sonreimos y siento como acaricia mi cabello logrando que cierre mis ojos y me deje llevar por la oscuridad.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP