Las luces se apagaron.
Por completo.
La habitación quedó sumida en la oscuridad.
Durante un segundo nadie se movió.
Nadie respiró.
Nadie habló.
Entonces comenzaron los gritos.
—¡Protejan al paciente!
La voz de un policía resonó en el pasillo.
Pasos apresurados.
Puertas golpeándose.
Órdenes gritadas.
El caos se apoderó de todo el piso.
Helena sintió que alguien le sujetaba el brazo.
Gabriel.
—Quédate detrás de mí.
Su voz sonó firme.
Controlada.
Incluso en la oscuridad.
Incluso en medio del caos.