El silencio que se apoderó de la antigua casa pareció prolongarse mucho más allá de las últimas palabras de Eduardo. Afuera, la lluvia seguía cayendo con intensidad, mientras las ramas de los árboles golpeaban las ventanas y el cielo permanecía cubierto por densas nubes grises. El ambiente reflejaba exactamente lo que ocurría dentro de aquella sala, donde tres vidas acababan de ser transformadas por secretos que habían permanecido ocultos durante más de dos décadas.
Helena permanecía inmóvil.