El estruendo resonó en la habitación.
Los cristales volaron por todas partes.
Helena se agachó instintivamente.
Con el corazón acelerado.
La respiración contenida.
Durante un segundo nadie comprendió lo que había sucedido.
Entonces comenzaron los gritos.
—¡Francotirador!
gritó uno de los policías.
El caos estalló en el piso.
Gabriel tiró de Helena detrás de una pared.
Protegiéndola con su propio cuerpo.
Mientras los agentes corrían por el pasillo.
Armas en mano.
Órdenes gritadas.
Sirenas sonand