La casa estaba en silencio cuando cruzaron la puerta.
No era un silencio incómodo, sino uno cargado, denso, como si las paredes supieran que algo importante iba a suceder. Valeria dejó el bolso sobre la mesa sin mirarlo. Adrián cerró la puerta detrás de ellos con un movimiento lento, casi cuidadoso, como si temiera romper algo invisible.
Ella avanzó unos pasos, pero se detuvo en medio de la sala.
—No sé cómo se supone que debo sentirme ahora —dijo sin voltearse.
Adrián la observó. La espalda re