La casa estaba en silencio cuando Valeria se levantó esa mañana.
No era un silencio vacío, sino uno distinto, más atento. Como si cada objeto estuviera esperando algo. Caminó descalza por el pasillo, todavía envuelta en la sensación de la noche anterior, de las palabras dichas sin gritos, del contacto sin miedo.
Se detuvo frente al espejo del baño.
Por primera vez en mucho tiempo, no se miró para buscar defectos. Se miró para reconocerse.
Aún había inseguridad, claro. No desaparecía de un día p