El viaje surgió como surgen las cosas importantes: sin previo aviso, pero cargado de significado.
Valeria estaba revisando unos informes cuando Adrián apareció en la puerta de su oficina improvisada en casa, con el celular en la mano y una expresión que ella ya conocía demasiado bien: esa mezcla de concentración y anticipación.
—Tenemos que viajar —dijo.
Valeria levantó la vista lentamente.
—¿“Tenemos” o “tú”?
Adrián sonrió de lado.
—Tenemos. Tres días. Reuniones clave. Cierre preliminar del proyecto internacional.
Valeria sintió el primer impulso de decir que sí sin pensarlo… y el segundo de retroceder.
—¿El bebé…?
—Mi madre ya confirmó. La niñera también. Todo está cubierto —respondió él, anticipándose—. Y antes de que lo preguntes: no es una trampa.
Valeria arqueó una ceja.
—¿Entonces?
Adrián se acercó, apoyando las manos sobre el escritorio.
—Entonces es trabajo. Pero también… una oportunidad.
Valeria lo miró en silencio unos segundos.
—¿Una oportunidad de qué?
—De salir de la rut