Adrián salió de la oficina al caer la tarde. No fue directo a casa. Se detuvo primero en una floristería elegante, de esas que siempre llamaban la atención de Valeria cuando pasaban juntos. Observó los ramos unos segundos y eligió uno grande, delicado, con flores claras y suaves, como a ella le gustaban. No por una ocasión especial, sino precisamente porque no hacía falta una excusa.
Mientras tanto, en casa, Valeria estaba sentada en el sofá con el bebé dormido en su pecho. Lo miraba respirar d