No hubo prisa.
La noche los envolvió como si supiera que llevaba años esperándolos. Adrián la miró como si estuviera volviendo a verla por primera vez, como si cada centímetro de Valeria fuera un recuerdo y una promesa al mismo tiempo.
Ella no dudó.
Se acercó con la certeza de quien ya no quiere resistirse. Cuando sus cuerpos se encontraron, no fue solo deseo: fue todo lo que habían contenido, todo lo que habían perdido, todo lo que seguía latiendo pese al tiempo.
Se entregaron sin palabras.
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