Después de decirlo en voz alta
La oficina había quedado en silencio tras la declaración pública.
Las miradas, los murmullos, el aire cargado de sorpresa… todo había quedado atrás cuando la puerta se cerró.
Valeria permanecía de pie, aún con el pulso acelerado. No sabía si era por lo que Adrián había dicho frente a todos o por la forma en que ahora la miraba: sin máscaras, sin distancia, sin cargos.
—¿Estás bien? —preguntó él, con la voz más baja de lo habitual.
Ella asintió, pero no se movió.
Había algo en el ambiente que los empujaba uno hacia el otro, como si el tiempo hubiera decidido concederles, al fin, ese instante que tanto evitaron.
—No tenías que hacerlo así… —susurró ella.
—Sí tenía —respondió Adrián, acercándose despacio—. Porque por primera vez no quise esconderme.
Cuando estuvo frente a ella, no la tocó de inmediato. Levantó la mano con cuidado, como si aún pidiera permiso, y rozó apenas su mejilla. El contacto fue mínimo… pero suficiente para que a Valeria se le cerrara