Después de decirlo en voz alta
La oficina había quedado en silencio tras la declaración pública.
Las miradas, los murmullos, el aire cargado de sorpresa… todo había quedado atrás cuando la puerta se cerró.
Valeria permanecía de pie, aún con el pulso acelerado. No sabía si era por lo que Adrián había dicho frente a todos o por la forma en que ahora la miraba: sin máscaras, sin distancia, sin cargos.
—¿Estás bien? —preguntó él, con la voz más baja de lo habitual.
Ella asintió, pero no se movió.
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