Helena eligió el momento con precisión quirúrgica.
Era media mañana. El piso ejecutivo estaba lleno: socios, gerentes, asistentes y dos directores externos que habían venido por una reunión importante. Demasiados testigos como para que nada pasara desapercibido.
Adrián salía de la sala de juntas revisando unos documentos en su tablet cuando Helena apareció frente a él, interceptándolo sin aviso.
—Adrián —dijo, con una sonrisa suave—. Necesito hablar contigo.
Él levantó la vista, sorprendido.
—Ahora no es buen momento.
—Solo será un segundo —respondió ella, dando un paso más cerca de lo necesario.
Valeria estaba a unos metros, conversando con Daniel y otra compañera. No estaba mirando… hasta que sintió algo. Esa intuición incómoda que no avisa, pero aprieta el pecho.
Alzó la vista.
Y lo vio.
Helena inclinándose hacia Adrián, demasiado cerca. Su mano rozó el antebrazo de él como si fuera un gesto automático, íntimo, aprendido. Adrián se tensó de inmediato.
—Helena —dijo en voz baja, fir