Valeria no llegó corriendo.
No llegó desesperada ni impulsiva.
Llegó decidida.
Subió hasta el último piso cuando ya anochecía. La empresa estaba casi vacía, envuelta en ese silencio que solo existe cuando el día terminó y quedan las verdades sin decir.
Adrián estaba en su oficina, revisando unos documentos que llevaba rato sin leer de verdad. Levantó la vista cuando escuchó la puerta.
No dijo su nombre.
No hizo preguntas.
La miró como si hubiera estado esperándola desde antes de saberlo.
—Vine