La noticia corrió antes que ella.
—Llega una nueva consultora hoy —comentaron en el área común—. Viene directamente recomendada por el comité internacional.
Valeria apenas levantó la vista del computador. No le dio importancia… hasta que la vio entrar.
Alta. Segura. Tacones firmes marcando territorio. Una sonrisa calculada que no buscaba agradar a todos, solo a uno.
La mujer se presentó como Helena.
Y apenas Adrián salió de su oficina para saludarla, Valeria entendió algo sin que nadie lo dijera:
Helena no había venido solo a trabajar.
—Un gusto por fin conocerlo —dijo ella, sosteniendo la mano de Adrián un segundo más de lo necesario—. He oído mucho sobre usted.
Adrián fue correcto, cordial, distante.
—Bienvenida. Valeria coordinará contigo los primeros lineamientos.
Helena giró entonces la mirada hacia Valeria, evaluándola con una sonrisa suave… peligrosa.
—Encantada.
Durante la mañana, Helena encontró excusas constantes para acercarse al despacho de Adrián: consultas menores, comen