La llamada llegó un lunes por la mañana, cuando Valeria apenas estaba acomodándose en la rutina de la semana. No era una oferta cualquiera. Tampoco un proyecto menor. Era de esos desafíos que no se pueden rechazar sin pensarlo dos veces: una alianza estratégica entre varias empresas, plazos ajustados, decisiones visibles, riesgo real.
Y un detalle que apareció al final del correo, casi como una nota al pie que lo cambiaba todo.
Adrián Blackwood estaba involucrado.
Valeria cerró el portátil unos