Adrián volvió a la ciudad sin anuncio previo. El viaje estaba en su agenda desde hacía semanas, marcado como cualquier otro compromiso: reuniones, firmas, una presentación breve ante socios antiguos. Nada personal. O eso se dijo.
La ciudad no había cambiado demasiado. Seguía teniendo el mismo ritmo impaciente, la misma mezcla de ruido y rutina. Aun así, caminar por esas calles le produjo una sensación distinta, como si cada esquina conservara una versión de él que ya no existía.
El primer día pasó sin sobresaltos. Trabajo, eficiencia, distancia. Adrián se movía con la precisión de siempre, pero por dentro algo estaba en alerta, como si supiera que ese regreso no sería del todo neutral.
Fue al segundo día cuando la vio.
No de frente.
No de cerca.
Valeria estaba al otro lado de la calle, saliendo de un edificio con una carpeta bajo el brazo. Se detuvo un momento para hablar con alguien, sonrió apenas, y luego siguió caminando. No llevaba prisa. Tampoco parecía estar huyendo de nada.
Adr