Diego no se enteró del embarazo por terceros.
Fue Valeria quien se lo dijo, sentada frente a él, con las manos entrelazadas y la voz firme, aunque por dentro temblara.
—Estoy embarazada —dijo sin rodeos—. Es tuyo.
Diego no reaccionó de inmediato. No sonrió, no celebró, no se levantó emocionado. Se quedó en silencio, procesando la noticia como quien entiende que su vida acaba de cambiar de forma irreversible.
—¿Estás segura? —preguntó al fin, no por duda… sino por miedo.
—Sí.
El silencio