El silencio en la oficina privada era distinto esa noche.
No era tenso.
Era expectante.
Valeria permanecía de pie frente al ventanal, observando la ciudad iluminada, mientras Adrian cerraba el último archivo en la tableta. Él no la miraba… todavía.
—Eso es todo —dijo al fin—. No hay más archivos ocultos. No hay más nombres tachados. No hay más versiones manipuladas.
Valeria no se giró.
—¿Y ahora? —preguntó—. ¿Eso es lo que llamas “mostrarme todo”?
Adrian se levantó lentamente.
—Ahora vi