El engaño al CEO de hielo.
La tormenta rugía sobre la ciudad. En el despacho de la residencia Ivanov. El cielo parecía saber que dentro del pecho del CEO Rodrigo Ivanov, una gran tormenta de emociones lo destrozaba.
El imponente hombre permanecía de pie frente a los ventanales de su despacho, observando las luces lejanas del jardín entre la lluvia.
Sus ojos verdes como los de un imponente tigre, voltearon a ver la carpeta negra que descansaba sobre su escritorio. La que el investigador privado que contrato le trajo hacia apenas una hora.
Una carpeta que había destruido su tranquilidad y su matrimonio en un abrir y cerrar de ojos.
Había fotografías de su esposa entrando a hoteles y besando a un hombre.
Capturas de mensajes amorosos y explícitos sobre su relación íntima.
Todo demostraba que su esposa, Katherina, lo estaba engañado.
Había comentado por un mensaje anónimo que le pedía investigar a su mujer, que ella no era quien el creía. Él al principio quiso limpiar el nombre de su esposa, pero nunca imaginó que recibiría las pruebas de su traición.
La mandíbula del empresario se tensó.
No había sentido algo así en años.
Dolor.
Rabia.
Humillación.
La puerta se abrió despacio. En el lugar aparecía la hermosa rusa de ojos azules y cabellera larga y rubia que tanto le gustaba al magnate.
—¿Qué pasa Rodrigo? — Preguntó Katherina Svetlana, al entrar. Era su esposa desde hace un año, a quien le había dado su apellido y su amor.
Ella sonrió levemente ajena a lo que se le venía encima.
Sin embargo esa sonrisa desapareció cuando vio el rostro de su esposo. Frío, distante, sin expresiones.
El CEO se giró lentamente sin perder la elegancia que lo caracterizaba.
—Acércate.
Katherina obedeció.
Él tomó la carpeta y la dejó caer frente a ella. Los ojos color cielo de Kate, bajaron la mirada al piso, una de las fotos dejaba ver a ella y a un hombre en una situación bastante comprometedora.
Entonces ella se agachó a recoger algunas fotos.
La mujer las observó detenidamente sin poder creer lo que veía.
—¿Qué es esto?
— Dímelo tú. ¿No estás tú ahí con... Con el doctor que dices es solo un colega?
— Esto... No es verdad... ¡Son falsas!
Rodrigo golpeó la mesa con la palma de la mano.
No gritó, pero bastó para hacer retroceder a la mujer.
— ¡No intentes seguir jugando conmigo! — Su mirada parecía encendida de celos y de furia.
Katherina lo miró sorprendida.
— Rodrigo, de verdad no sé qué está pasando, ¡Yo no he hecho estas cosas con Yuri...!
Él hombre se movió unos pasos y tomó una de las fotografías para arrojarsela.
— ¡Aquí se ve claramente todo lo que hacías con él!
La rabia del CEO creció aún más.
— Es... es solo mi compañero de trabajo.
— ¡¿Y por qué estabas con él en tantos lugares y a mis espaldas?!
— Porque trabaja con la fundación benéfica al igual que yo. Es solo por eso.
Rodrigo, dejó escapar una risa amarga que retumbó en toda la habitación.
— Claro, solo un colega. — Dijo con notable sarcasmo.
—Es la verdad. Lo juro, no hay nada entre nosotros.
Claramente había alguien incriminando a Katerina, y claramente la querían separar de su marido. Que él creyera que lo había traicionado.
La voz del hombre se volvió helada.
¡Basta!
La sinceridad en el rostro de Katherina era genuina. Pero Rodrigo ya estaba demasiado herido para notarlo.
— ¡Yo... Yo nunca te he engañado! Te he amado desde el primer día en el que te conocí, ¿Cómo podría serte infiel?
— ¡No voy a seguir escuchando tus mentiras!
— Rodrigo... ¡Por favor!
— ¡Dije que basta!
El silencio explotó entre ambos. Silencio que dolía, desgarrador, asfixiante.
Katherina sintió un nudo en la garganta. Quería hablar, pero su marido se veía tan... Fuera de su y peligroso.
— Mírame a los ojos. — Pidió ella con la esperanza de hacerlo reaccionar. — ¿De verdad crees que sería capaz de acostarme con otro hombre?
Por un segundo, Rodrigo vaciló. Pero eran tantas pruebas, que no podía negarse a lo que sus ojos estaban viendo.
El orgullo y el dolor fueron más fuertes. "No iba a ser un cornudo"
— Las pruebas hablan por sí solas, ¡¿Creés que soy imbécil y ciego?!
Las lágrimas comenzaron a llenar los ojos de Katherina. Todavía estaba en shock, todavía no podía creer que esto estuviera pasando.
— No crees en mi, ¿Cierto?
Rodrigo no respondió. Pero no hizo falta.
Aquel silencio le rompió el corazón a Kate.
— Entiendo... — La voz de Katherina se quebró.
— Entonces nunca me conociste realmente, ni a mi profundo amor por ti.
— No intentes convertirte en la víctima de este desastre que tú misma hiciste. — El CEO al escucharla solamente sentía una inmensa rabia que le carcomía las entrañas.
Ella soltó una pequeña risa llena de tristeza.
Las lágrimas por fin cayeron y rodaron por las mejillas de la bella esposa.
— Rodrigo, te he amado durante cada día de nuestro matrimonio, siempre me entregué por completo a ti...
El CEO apretó los puños. No iba a permitir que esa mujer que había amado lo siguiera manipulando a su antojo.
— ¡Ya es suficiente, no intentes endulzarme los oídos. Si lo que dices fuera cierto, no tendría estás fotos tuyas siéndome infiel en las manos!
Las palabras llegaron acompañadas por un fuerte trueno que resplandeció en el cielo, pero que pronto volvió a dejar oscuridad.
El empresario encaminó sus pasos a la puerta del despacho y la abrió.
Katherina lo observó clavada en el piso.
Incrédula.
Destrozada.
— ¿Me... estás echando?
— Sí. ¿Eres ciega?
Aquella única palabra fue como una sentencia.
— ¡Soy inocente!
— Recoge tus cosas y abandona la mansión antes de esta noche. Te lo advierto Katerina, si no te vas por tu propio pie haré que te echen.
Las lágrimas corrían libremente por las mejillas de la rubia.
— Ni siquiera vas a escucharme. Solo me botas como si fuera basura...
— ¡No hay nada que escuchar, tus actos lo dicen todo, no eres quien yo creía que eras, tú... Solo me viste la cara de estúpido todo este tiempo!
— ¡No lo hice, no te traicioné, tienes que creerme!
Rodrigo desvió la mirada por un momento porque verla llorar comenzaba a afectarlo y no quería ablandarse en ese momento, no cuando ella se había burlado de su amor.
— !Vete! ¡No vuelvas nunca a mi vida!
Katherina permaneció inmóvil unos segundos. Quería moverse pero los pies no le respondían.
Quizás todo su cuerpo estaba esperando, deseando que su esposo rectificara y creyera en su palabra. Pero eso nunca ocurrió.
— Está bien... Me iré.
Con el corazón roto, la jóven mujer se movió lentamente y salió del despacho casi trastabillando.
El dolor de Kate, fue inmediato, brutal, insoportable.
Esa noche, Katerina empacó en silencio. Cada prenda, cada objeto, cada recuerdo… Era una herida abierta. Sus manos temblaban, pero ya no lloraba, solo hacía las cosas mecánicamente.
No lloraría más delante de él.
No le daría ese poder sobre ella.
Cuando bajó las escaleras con su maleta, la casa parecía más grande, más fría, más ajena a ella. Entonces... se dió cuenta de que realmente nunca había pertenecido ahí. Ese jamás fue su hogar.
Rodrigo estaba en el vestíbulo.
Sara, su madre. Ya había salido de su escondite y estaba a su lado como si ya hubiera ocupado su lugar que apenas unos minutos antes era suyo.
Katerina apretó los labios antes de decir
— Adiós, Rodrigo.
El CEO no la detuvo, no profundizó en una explicación sobre lo que mostraban las fotos.
— Adiós. — Respondió el hombre con la voz más fría que Katerina, jamás le escuchó.
Al abrir la puerta el aire frío de la noche la recibió como un golpe.
Y cuando cruzó el umbral… Algo en ella murió.
La mujer que salió de la casa Ivanov no era la misma que había entrado. Una mujer llena de ilusiones y amor por su esposo. Un esposo que ahora le daba la espalda.
Mientras la puerta se cerraba tras ella, Rodrigo sintió un vacío inmediato, uno que no podía explicar, Pero que le arrancaba hasta el aire de los pulmones y le hacía difícil respirar.
Afuera, bajo la lluvia que caía sin dar tregua a nada. Katerina levantó el rostro al cielo. Se llevó las manos a su vientre dónde ya estaba sembrada la semilla del poderoso CEO Rodrigo Ivanov.
Las gotas de agua helada se mezclaron con sus gruesas y calientes lágrimas.
— No tengas miedo bebé, mamá va a cuidar de ti. Te prometo que seremos felices sin tu padre.
Con la mano temblorosa la mujer sacó su celular para marcar y un número que hacia mucho tiempo no llamaba.
Del otro lado contestaron al segundo timbrar.
— ¡Katerina! ¡Eres tú!
— Prepara mi oficina, volveré mañana mismo.