Mi esposa y yo.
El doctor Romanov, no daba crédito a lo que decía el CEO. Su ángel no podía seguir casada con él, no cuando él le había propuesto matrimonio y que criarán al bebé juntos.
— Los firmó, yo los recibí con su firma esa misma tarde.
Rodrigo recordó como le enfureció que Katherina formara el divorcio tan fácilmente, sin hacer preguntas y sin pedir nada.
— ¿Entonces por qué sigues diciendo que ella es tu esposa? ¡Lo que sucede contigo es que eres tan controlador y dominante que no quieres dejarla ir!
— Puede ser. Pero la verdad es que ella sigue siendo la señora Ivanov, yo nunca firmé los papeles del divorcio. Esos documentos nunca llegaron al juzgado.
— ¡Mientes!
— No miento, y ahora mismo voy a ejercer mis derechos de esposo. Me llevaré a mi mujer y serás tu quien tendrá que mantenerse al margen.
Rodrigo levantó en brazos a la doctora para llevársela.
Más apenas había dado unos pasos cuando el médico lo llamó.
— ¡Detente Ivanov, no te la puedes llevar! ¡Ni siquiera tienes pruebas de que sigues casado con ella!
Dijo furioso el director. No podía permitir que le arrebatará de nuevo a quién había amado en silencio por tanto tiempo.
Pero el CEO ordenó a su asistente que estaba justo de pie afuera del consultorio.
— Igor, asegúrate de dejarle claro al doctor que Katherina y yo seguimos casados. Y Yuri, — El hombre volteó ligeramente, su mirada gris se fijó en el doctor. — A mí no me gusta que le coquetean a mi mujer, ni siquiera que estén cerca de ella. Así que te lo advierto, Alejate de mi esposa o lo vas a lamentar.
Yuri soltó una risa llena de sarcasmo.
— Quiero ver qué me vas a hacer si no me alejo de mi ángel, no te creas invencible, Ivanov.
Pero Rodrigo ya no puso cuidado en las palabras de quién claramente tenía intenciones de arrebatarle a su mujer.
El apuesto magnate dirigió sus pasos al área de urgencias para que atendieran a Katerina.
No había pasado mucho tiempo cuando el CEO estaba de pie viendo al ginecólogo que revisaba al bebé con un ultrasonido.
— ¿Cómo está ella, doctor? También necesito saber cómo está mi hijo, o lo hija, póngame al tanto del estado de salud de mi mujer.
El galeno conocía a Katherina, Pero nunca había conocido a su esposo, después se rumoró que se había divorciado, Pero ahora estaba ese hombre de mirada fría y de imponente aura, pendiente de cada movimiento que hacía.
— La doctora Katherina se encuentra bien, quizás hubo algo que la estresó y por eso se desmayó.
El CEO se removió en su lugar, pues sabía que ella se había estresado debido a la pelea con el imbécil de Yuri Romanov.
— Bien. Ella debe estar en perfectas condiciones, ahora dígame, ¿Cómo está la criatura?
— Oh, justo se está escuchando los latidos de su corazón.
Rodrigo puso especial atención al sonido, estaba escuchando el corazón del bebé por primera vez, y era una experiencia única.
— ¿Está bien de salud? — Preguntó el magnate.
— Si, él lo está, el niño es fuerte, tiene buen peso y buen tamaño, el embarazo va muy bien hasta ahora.
— ¿Él...?
El CEO se estaba enterando en ese momento que era un niño el que Katherina llevaba en el vientre.
— Si, así es, es un varoncito, ¿Acaso no lo sabía? La doctora Katherina lo sabe desde que cumplió tres meses. El bebé se formó muy rápido.
— Un niño... — Susurro apenas el intimidante magnate.
Eso significaba muchísimo en la familia Ivanov, pues ese bebé sería en un futuro el heredero de todo su enorme y millonario imperio.
La emoción que lo invadió era algo totalmente desconocida para él. Siempre había sido un hombre de carácter frío, no solía socializar en eventos públicos. Para él todo eran negocios y trabajo hasta que conoció a Katherina.
Ella había derretido su helado corazón, lo había hecho amarla hasta los huesos.
Amaba todo de ella, su sonrisa.
Su mirada azul.
Su manera de amarlo.
Y ahora le daría un hijo.
El heredero que tanto deseaba.
— Señor Ivanov. — Lo interrumpió el ginecólogo. — Dejaremos descansar a la madre, Pero apenas despierte podra irse a casa. Tengo entendido que realizó una cirugía larga y complicada, ella necesita descansar.
— Entiendo, yo personalmente me aseguraré de que así sea. Tendrá los mejores cuidados.
Nadie, ni siquiera Katherina, tenía una idea de que su todavía marido estaba hablando de forma muy literal, él mismo se encargaría de cuidar su salud sin importarle que ella estuviera molesta con él.
De pronto se escuchó que el CEO estaba haciendo una llamada. Esta era para su asistente.
— CEO Ivanov, ya le mostré el acta de matrimonio con fecha vigente al doctor Romanov, no puedo muy convencido pero no le queda más que aceptar el estado civil de la señora Ivanov.
Informaba el eficiente asiste.
— Bien, ahora encárgate de que el penthouse del sur este listo y con comida en la alacena y la nevera, porque mi esposa y yo lo vamos a habitar.