Los rivales de amor se enfrentan.
El hombre de mirada verde y asesina, tenía tomado de la bata a Yuri Romanov, cardiólogo en jefe y director del hospital de alto nivel.
El forcejeo del CEO era rudo, no le daba oportunidad de zafarse de su agarre.
— ¡Habla hijo de puta! ¿fuiste tú el que me envió esa carpeta negra con esas fotos comprometedoras pero falsas de mi esposa?
— ¡Acusaron a Angel de serte infiel, y solo bastaron unas fotos fotoshopiadas para que difaras de su integridad y su lealtad! ¿En qué clase de esposo te convierte eso?
— ¡Fuí engañado por una rata que quería destruir mi matrimonio con Katherina, y no creo que sea coincidencia que en todas esas fotos salieras tú!
— !Pues debiste creerle en lugar de echarla de la mansión Ivanov, debiste defenderla y limpiar su nombre! ¡Ahora ella ya no está contigo, es libre al fin, Katherina ya no volverá contigo, Rodrigo Ivanov, ella y el bebé se quedarán conmigo!
Eso fue suficiente para que el CEO terminara de perder los estribos y le cayera a golpes.
Fue un puñetazo tras otro, la sangre comenzó a brotar de la comisura de los labios del médico, así como de la nariz.
— ¡No te vas a quedar con mi mujer y mi hijo, maldito bastardo, no te lo voy a permitir!
El doctor Romanov respondió a la pelea, en un momento los hombres estaban envueltos en una brutal pelea donde se daban fuertes golpes intentando derribar al otro.
— ¿Quién me lo va a impedir? ¡Tú ya no tienes derechos como esposo, no tienes nada que exigirle a Angel!
— ¡Primero tendrán que matarme antes que permitir que me roben a mi mujer y a mi hijo, y para que me puedas matar te va a costar demasiado!
En un momento Rodrigo, tenía en el suelo a Yuri. Katherina de preocupó por su amigo y corrió a sujetar la mano del padre de su hijo.
— ¡Ya no le pegues! ¿Que no ves que él es un famoso cardiólogo? No te puede pegar porque se le dañaron las manos, manos que sirven para salvar vidas!
en ese momento Yuri, puso una cara lasrimosa a propósito, causando así que Katerina se compadecoers de él.
El CEO tan inteligente como era, pronto se dió cuenta de su juego.
— El es un hombre, igual que yo. No veo en donde este su desventaja, además dijo que te robaría de mi lado, eso es motivo suficiente para romperle los huesos.
El magnate adoraba a su esposa, y siempre había Sido muy intenso cuando se trataba de ella. Era quizás por eso que sus sentidos se niblaron cuando vió esas pruebas que la incriminaban y no pudo pensar con raciocinio.
Pero se arrepentía desde el fondo de su corazón por haber dudado de ella.
— ¿Qué diablos dices? !Ni siquiera estamos juntos, no puedes venir aquí a pretender marcar territorio porque ya no soy parte de tu vida, ni tu de la mía!
Esas palabras le dolieron al empresario, que su esposa le dijera que ya no tenían que ver el uno con el otro era simplemente insoportable.
— Katherina, cometí un error. Investigué el asunto, mandé analizar las fotos, así fue que me di cuenta de que eran falsas, de que tú... Nunca me fuiste infiel.
— ¿Y qué con eso? Ahora ya lo sabes, nunca te traicioné, pero eso no cambia las cosas, tu y yo estamos divorciados, ya no hay vuelta atrás para nosotros, no intentes revivir el pasado porque no estoy dispuesta a volver a ese infierno.
La mirada del magnate se entristeció al escuchar que su esposa definía el tiempo a su lado como un infierno.
El solo había querido hacerla feliz, amarla, pero en vez de eso le había hecho mucho daño al dudar de ella y al echarla de su vida y de su villa.
— Ya la escuchaste, Ivanov, Angel no volverá a tu lado a esa feria villa donde tú y tu madre le hicieron tanto daño.
— ¡Cállate, tu no sabes nada!
El CEO dió otro golpe al médico, no tenía la paciencia para lidiar con él, pero esto asustó a la embarazada.
Katherina no resistió más el estrés y se desmayó.
El magnate soltó a Yuri para atrapar a la mujer que llevaba a su bebé en su vientre.
— ¡Katherina!
Más el médico pronto se incorporó, ver a la mujer que el también amaba en brazos de ese dominante CEO, lo hizo arder de celos.
— ¡Quítale las manos de encima a mi Angel! ¡No tienes derecho de tocarla!
— ¡No lo haré, ella sigue siendo mi esposa, y así va a ser hasta el día en que muera!
Rugió el hombre con la mujer apretada a su pecho.
— ¿Qué dices...? ¡Ella no...! ¡Yo mismo ví cuando firmó los papeles del divorcio! ¡Estás mintiendo!