Un reencuentro inesperado.

CUATRO MESES DESPUÉS.

Katherina había regresado a su antigua oficina. El director del hospital no podia estar más contento con el regreso de una médico tan prodigiosa y tan talentosa como lo era la rusa de ojos azules.

Temprano por la mañana, Katherina entraba apresuradamente al hospital a cumplir con sus labores como todos los días desde que se había marchado de la villa Ivanov.

Estaba embarazada de cinco meses, pero seguía moviéndose con energía y determinación. Todos sus colegas la saludaban al verla, porque era la neurocirujana más jóven y más talentosa del helado país.

Ese era el resultado de muchos años de esfuerzo.

De estudio.

De quedarse hasta altas horas de la noche repasando libros y procedimientos.

Personas de todo el mundo gastaban fortunas para acudir a ella en busca de tratamiento, y cada día llegaban pacientes nuevos.

Se podía decir que los ingresos que generaba ella sola superaban los de todos los demás departamentos del hospital juntos, por lo que incluso el director la trataba con enorme respeto.

Sin embargo, todo aquello lo hacía bajo un seudónimo: "Angel" Nadie en el sector conocía realmente su identidad, porque en el pasado había sido la nuera de una familia adinerada y a su suegra no le gustaba que estuviera expuesta públicamente.

— Doctora Angel, la están esperando en su consultorio.

Ese día recibió a un paciente muy peculiar. Según le informaron, era un anciano que se había negado a revelar su identidad de antemano; lo único que se sabía era que era inmensamente rico.

Pero para ella todos los pacientes eran iguales, ricos o pobres. Era médica, y salvar vidas era su deber. Se puso rápidamente la bata quirúrgica y caminó con paso decidido hacia al consultorio.

Sin embargo, cuando vio la silueta de un hombre de pie frente a la sala de operaciones, se quedó inmóvil.

!No puede ser...! — Se dijo a sí misma. — ¿Acaso... es él?" — Katherina deseaba salir corriendo en la dirección contraria, pero ya era demasiado tarde.

De inmediato, un recuerdo apareció en su mente. La escena que cuatro meses atrás le había destrozado el corazón.

La imagen de aquel hombre, el hombre al que había amado profundamente y de quien también creía ser amada, señalando la puerta de la casa mientras le decía: “¡Vete de esta casa ahora mismo! ¡No quiero volver a verte ni un minuto más!”

En ese momento, el hombre frente a ella se dió la vuelta dejando ver su gallarda figura.

Ese traje hecho a medida que le quedaba perfecto.

Esos ojos verdes que parecían los de un tigre enfadado y salvaje.

No era otro que el mismo Rodrigo Ivanov.

Su ex esposo.

El mismo que la habían echado de su villa, sin contemplación alguna.

Sus intensas miradas se encontraron. El también se quedó paralizado. No esperaba encontrarse en ese hospital con la mujer que había desaparecido sin dejar rastro después de marcharse de su villa hacía cuatro meses.

El hombre la observaba mientras se preguntaba.

¿No era simplemente una empleada administrativa del hospital? ¿Entonces por qué tenía esa bata de médico?

— Tu... ¿Qué haces aquí?

Preguntaba el sorprendido hombre, a la mujer que tenía frente a él.

— Trabajo aquí, tengo una bata blanca, ¿Qué no la vez?

Katherina, le respondía con frialdad al CEO.

Rodrigo Ivanov, bajó la mirada lentamente para inspeccionarla.

— No soy ciego, por supuesto que veo la bata. Lo que quiero saber es que haces precisamente tú aquí. He traído a mi abuelo para una intervención delicada, necesito hablar con la doctora "Angel" Después tú y yo hablaremos de lo que pasó aquella noche.

El hombre se escuchaba dominante como siempre. El no esperó la respuesta que la mujer que lo había amado, le dió.

— Yo soy la doctora con la que quieres hablar. Soy la Neuro - Cirujana que necesita tu paciente. Por lo demás no tenemos nada de que hablar.

¿Cómo era posible que en tan solo cuatro meses se hubiera convertido en la legendaria “Doctora Milagrosa Angel? Cuando vio su vientre prominente, su sorpresa fue aún mayor. ¿Estaba embarazada? ¿De quién? Todas esas preguntas inundaron la mente del CEO. Quería respuestas, y las quería lo antes posible.

En el instante en que iba a hacer más preguntas, la asistente de Katherina, los interrumpió, ella le entregó unos expedientes que debía revisar.

Ella les echó un vistazo mientras caminaba hacia él. Más al pasar a su lado, sintió que su corazón estaba a punto de salírsele del pecho, pero no lo permitiría.

Incluso se regañó ella misma, ya había decidido que no volvería a derramar una sola lágrima por ese hombre, que abandonaría por completo todo lo relacionado con él.

Entonces... ¿Por qué seguía provocándole una reacción emocional tan intensa? Antes de entrar al consultorio, ella se volteó, y solo le dijo: “Los familiares deben esperar afuera”.

Su tono fue completamente frío, profesional y carente de cualquier emoción.

Rodrigo quiso decir algo, pero ella lo interrumpió antes. “Como médica, haré todo lo posible para curar a su... Paciente”. Y sin darle oportunidad de responder, se volvió dar la vuelta para entrar y cerrar la puerta en las narices del CEO.

— ¡Katherina, abreme la puerta!

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