Astrea cerró los ojos, y algunas lágrimas se deslizaron por sus mejillas. En realidad no tenía ganas de recordar aquello, y si su madre no lo hubiera mencionado, quizá no hubiera pasado por tal vergüenza con Kael.
«No tienes el porqué sentirte culpable por algo que pasó hace mucho tiempo», le liberó de la culpa.
«Fui yo quien te causó ese dolor, al punto de tomar la decisión de quemarte viva con verbena», manifestó él espantado.
«¿De verdad me quieres en tu vida?», ella no pudo evitar pregun