—Está muerto, ahora voy por tú —fueron las palabras de Bernard.
—¡Voy a acabar contigo de una vez por todas! — exclamó Astrea con rabia.
Puso las palmas de las manos y permitió al poder que fluyera en ella. El ambiente cambió enseguida, el cielo se volvió gris y las aves nocturnas alzaron su vuelo en busca de sus nidos. Se levantó y fue cuando entonces la seguridad de Bernard se hizo añicos.
—¡¿Qué?! —trató de dar un paso hacia atrás, pero Astrea alzó la mano y fue como si una fuerza invisibl