El silencio se hizo presente mirando al recién llegado, inmediatamente el ambiente cambió. Dejando claro que Kael estaba conteniendo su temperamento, cruzó la mirada con su compañera.
—Me parece que es de muy mala educación, escuchar detrás de las puertas las conversaciones ajenas —pronunció Janeth enarcó una ceja—. Así sea tu casa, no puedes hacerlo.
Se escuchó un gruñido bajo.
—Te conozco desde que era un chico y todavía tienes mi respeto. Pero no se te olvide quién soy y en dónde estás Janet