La respiración de Astrea quedó atorada en sus pulmones cuando Kael con una de sus rodillas separó sus muslos, mientras que con una mano le sostenía la cadera. La miró a los ojos y negó con la cabeza, puesto que luchaba con el impulso de entrar en ella. Eso iba a hacer que acabara con el poco control que le quedaba.
Sabía que era un egoísta, pero con solo pensar en la posibilidad de que se fuera de su lado lo volvía loco. Por eso no dudó en usar todos los recursos para convencerla a que se quedar