—¡¿Qué mi3rda es esta?! —La voz de Otto era de pura indignación.
Un gruñido ronco, y completamente animal, se escapó del pecho de Kael. En su mundo nadie juzgaba el amor destinado, por eso existían aquellas mezclas: brujos, lobos, vampiros y uno que otro humano. Pero lo último no era muy común, y cuando eso sucedía era porque tenía habilidades especiales.
—¿Humanos? —Astrea estaba horrorizada— ¿Quién puede estar detrás de todo esto?
—No te ofendas —Otto la miró severamente—, pero sabemos que