El aire en los pasadizos subterráneos era denso, cargado de humedad y secretos antiguos. Eva sentía cada respiración como un esfuerzo, mientras sus pies descalzos golpeaban contra la piedra fría. La mano de Lucian aferraba la suya con fuerza, guiándola a través de la oscuridad que parecía engullirlos.
—No mires atrás —susurró él, su voz apenas audible sobre el eco de pasos que los perseguían—. Sigue corriendo.
El laberinto bajo la mansión se extendía como venas oscuras, ramificándose en todas d