El salón de piedra bajo la mansión de Eleonora se había convertido en un tribunal improvisado. Eva observaba desde un rincón cómo los vampiros más antiguos discutían su destino como si ella no estuviera presente. La luz de las antorchas proyectaba sombras danzantes sobre los rostros inmortales, acentuando la tensión que flotaba en el aire.
—La bruja está despertando más rápido de lo que calculamos —declaró Mikhail, un vampiro de origen ruso con ojos como hielo azul—. Los signos son inconfundibl