El tercer beso fue diferente. No hubo dulzura ni contención, solo hambre y necesidad. Los labios de Lucian se fundieron con los de Eva como si buscaran algo más allá de la carne, más allá del deseo. Fue un beso que atravesó siglos, que desgarró el velo entre mundos.
Cuando se separaron, el aire de la habitación se volvió denso, casi irrespirable. Eva sintió un calor abrasador recorrer su cuerpo, como si la sangre en sus venas hubiera sido reemplazada por fuego líquido. Cayó de rodillas, con un