El manuscrito descansaba sobre la mesa de roble como una bestia dormida. Sus páginas amarillentas, quebradizas por el paso de los siglos, contenían palabras que parecían respirar bajo la tenue luz de las velas. Lucian pasó los dedos por encima del texto, sin atreverse a tocarlo directamente. Tres días habían transcurrido desde que lo encontraron en la biblioteca subterránea de la mansión, oculto tras un panel que solo se abría con sangre. Su sangre.
—"Y la llave deberá elegir entre romper el se