La verdad tiene un sabor peculiar cuando la descubres a medias. Es como morder una fruta que parece madura por fuera pero sigue verde por dentro. Así me sentía mientras procesaba las palabras de Damián, fragmentos de una historia que explicaba mucho y nada a la vez.
Sentada en el suelo frío de aquel pasillo subterráneo, con la espalda apoyada contra la pared de hormigón, observaba a Marcus revisar el mapa digital en su dispositivo. Su rostro, iluminado por el resplandor azulado de la pantalla,