La confianza es como el cristal. Transparente, frágil, y una vez roto, imposible de reparar sin que queden cicatrices visibles. Siempre creí que mi fortaleza residía en no necesitar a nadie, en mantener mis muros altos e impenetrables. Pero ahora, tendida en esta cama improvisada, con cada músculo de mi cuerpo protestando ante el más mínimo movimiento, entendí que la verdadera vulnerabilidad no está en confiar, sino en pretender que podemos sobrevivir solos.
El amanecer se filtraba por las rend