El pasado nunca muere. Se esconde, acecha y espera el momento perfecto para recordarte que las cicatrices que creías cerradas pueden volver a sangrar con la misma intensidad que la primera vez.
Mientras observaba a Marcus vigilar la entrada del edificio abandonado donde nos habíamos refugiado, mi mente viajó inevitablemente a Beirut, tres años atrás. Aquella vez también me había encontrado atrapada, confiando en alguien que juró protegerme. Raúl Méndez, corresponsal de guerra y, según descubrí