Puedo olerlo... Es mío... mi cachorro.
La bella doctora fue prácticamente arrastrada a un consultorio privado que el Alfa Gambino utilizaba en algunas ocasiones para ver a sus socios cuando le surgía alguna emergencia.
— ¡¿Pero que rayos les pasa?! ¡No pueden obligarme a quedarme, mucho menos a estar aquí! ¡Necesito irme, tengo algo importante que hacer, déjenme salir de aquí!
Gritaba La pediatra mientras se zafaba del agarre de los apuestos Alfas lobos.
—¡Señorita, calmese, no le vamos a hacer daño, solo.... relájese un po